ALIMENTOS FUNCIONALES

Alimentos funcionales
En los últimos años están cobrando una especial importancia los alimentos funcionales, que se pueden definir según el International Life Science Institute (ILSI) como “aquellos que contienen un componente, nutriente o no nutriente, con
efecto selectivo sobre una o varias funciones del organismo, con un efecto añadido por encima de su valor nutricional y cuyos efectos positivos justifican que pueda reivindicarse su carácter funcional o incluso saludable”. Concretamente en España se está observando un aumento en el consumo de este tipo de productos (MARMFEN, 2009).
Según la mayoría de especialistas y profesionales de la salud, la ingestión de una dieta equilibrada y variada en los diferentes grupos básicos de alimentos (cereales, leche y derivados, verduras y hortalizas, frutas, legumbres, huevos, carnes y pescados), aportaría todos y cada uno de estos nutrientes esenciales en cantidad suficiente para satisfacer las necesidades nutritivas de acuerdo a estas ingestas recomendadas “tradicionales”.
Por otro lado, en los países occidentales, se comienza a plantear la cuestión de si estas ingestas recomendadas no deberían también incluir la posibilidad de prevenir algunos problemas cómo las enfermedades cardiovasculares, ciertos cánceres, el envejecimiento, etc. Como ejemplo, muchos autores piensan que las cantidades de
vitaminas hasta hoy recomendadas no pueden considerarse en la actualidad como las mejores para alcanzar un estado óptimo de salud, y va a ser potencialmente imposible que la mayoría de la población las obtenga, exclusivamente, a través de la dieta.
Debe considerarse, además, que las “nuevas funciones” que se están planteando para los nutrientes, especialmente vitaminas y minerales, requieren cantidades mayores –nunca menoresa las establecidas en las ingestas recomendadas, lo que hace prácticamente imposible que para algunos nutrientes se puedan obtener exclusivamente a partir de las fuentes naturales de la dieta. Además, existe un elevado número de situaciones en las que está comprometido el seguimiento de una dieta equilibrada y variada, y en estas situaciones la utilización de alimentos funcionales podría tener justificación (Varela G y Ávila JM, 2007).
Pese a todas estas reflexiones no se debe olvidar que la mejor solución, para cubrir las recomendaciones es tratar de adquirir unos hábitos alimentarios más saludables. Por último, es necesario seguir realizando estudios sobre la ingesta habitual de la población de cada uno de estos componentes funcionales para comprobar cuales y en que alimentos pueden tener este efecto positivo sobre la salud de la población.


